2.8.17

Cine: Baby Driver. Edward Wright, Un buen coche y un mal plan.

Esto empezaba a parecerse a una nueva huída del blog. Desde mayo no escribimos nada. Como si se nos hubiese tragado la tierra o alguna de nuestras rutinas diarias impidiese la pequeña contribución de este impopular blog, y este pequeño espacio no contase para nada. Siempre es bueno volver a levantarse y en este mundo con tanto ruido me propongo volver a la carga. Esta vez lo hago con una película muy fresquita: Baby Driver.

El director de la trilogía del Cornetto o Scott Pilgrim Contra el Mundo nos ofrece una nueva cinta de acción al volante que lejos de quedarse en los estereotipos que pueden verse a lo largo de los muy recomendables 112 minutos de película se presentan como una fiesta audiovisual que atrapa al espectador y que supone una experiencia sensorial divertida, fresca y desenfadada ideal para que nos alejemos de las habituales orgías superheroicas que pueblan el verano y de las que un servidor está más que cansado al margen de los méritos (que los tienen) de dichas películas. Ojo Spoilers


Es curioso como en dos años dos películas de persecuciones, de coches, de motores rugientes o de grandes cilindradas han dado de que hablar. En 2015 se estrenaba la trepidante Mad Max: Fury Road, una persecución en toda regla y con Baby Driver tenemos una de esas películas de golpes maestros y de héroes atrapados por un  destino.
La premisa de la peli, un chico que se ve obligado a trabajar para una banda con el fin de pagar su deuda, puede resultar simple y trillada. En el caso de Baby Driver vemos como los elementos propios del género tienen su contrapunto y se transforman resultando mucho más atractivos o inesperados. En algunos de ellos podemos encontrar la identificación del protagonista en una especie de juego de espejos que muestran la personalidad de Baby en una suerte de hipótesis de futuros posibles. Los principales personajes son cruces de caminos en la vida de este aspirante a delincuente a la fuerza. Su jefe, un meticuloso organizador que juega con la rima a la hora de explicar los golpes es una versión adulta, cínica y cansada del joven, un personaje que estuvo enamorado y que conspira con Baby para que éste logre su destino. Su compañero Buddy, junto con Darling, representan el mundo glamuroso al que Baby tiene opción, la atractiva tentación del crimen. Incluso el mismo Buddy emptatiza con Baby a la hora de poner en escena el plan: buena música y un tema potente para dar el golpe perfecto y salir pitando. Loco (Bats), un personaje radical e ingobernable interpretado por Jamie Foxx es la cara más agresiva y violenta de ese mundo en el que está deambulando Baby, un contrapunto que nos mantiene en una tensión constante. Luego está el personaje de Debora, cuya relación con Baby plantea una vía de escape al sórdido mundo en el que está enterrado. Ella representa la obligada historia de amor en toda película made in hollywood, pero esta vez el dibujo es tan evidente que resulta entrañable. Sin embargo lo que a priori es un estereotipo, funciona porque la película formalmente es una pintura pop, un canto pos-moderno lleno de música, acción y un collage de sensaciones que no deja indiferente por su complejidad dramática sino por su frescura visual y su capacidad para generar sensaciones. Una de esas películas que no te dejan igual cuando sales del cine.

Es una de esas pelis que, vistas con ojos de niño, invita al despliegue de la imaginación interpretando a este joven de gafas de sol y cascos al volante, pisar el acelerador y reflexionar un momento para no ser protagonista de un accidente de tráfico. Relájate, quítate las gafas, los cascos y conduce... la película ha acabado.

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